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Estación Proemio

Blog Oficial de Lagodesal

Jardín


Nos quedamos con el barro de la tarde en los bolsillos, y pedimos un deseo: esos niños que se pasan la vida jugando en la calle.

Hay niños que nacen, y hay niños que nacen más deprisa. No subestimo el juego, pero ¿las canicas y muñecas? “¿Qué es un elefante?” –le ofrecí cuando pidió más. Pero ella hizo un dibujo sobre mi pecho. Y formó con plastilina un niño que hablaba. O tal vez era un rompecabezas de una pieza. Un laberinto de ropa sucia, de calcetines, de camisas y zapatos, que pongo en orden y que luego “primero me pongo…” y “después me baño”.

“Me gustan los elefantes” –me dijo desde el fondo de sus tres años. “Pero me gustan más las ventanas”. Le toqué la pierna y me devolvió un árbol. Forcejeamos. “Pon etiquetas con tu nombre”. “Vamos al jardín”. “Bésame a la altura del lavabo”. “Tu boca es como una oruga que me da cosquillas”. “¿Qué es esto?”. “¿Qué está haciendo este niño?”.

Ahora que me enseñas que una culebra delgada, venenosa y peligrosa engulle a un cocodrilo sin dentadura y cola, me tomo la cabeza con manos reflexivas y meto mi ojo allí, para “mirar dentro de las cosas”.

Si te preguntara otra vez: “¿De dónde vienen las estrellas que caen en tu techo?”, no contestes: “todavía nadie lo sabe”, porque intentaré contarlas. Yo te diré, con la galleta en mi mano: “La luciérnaga se ha ido. Volvamos a la noche de tu jardín”.


Mago



Alejandra


A Alejandra Pizarnick
In memoriam

Zarpaste de aquí
Devorada por el miedo
La noche no advirtió
Tu cuerpo mudo naufragó
Sobre dedos de niebla

No habrá puertas del infierno
Ni verdad para creer
Ni los párpados del tiempo
No te dejaré caer
A espaldas del sol

Donde acaba tu memoria
Alcancé a mirar
La sombra rota que dejó
El silencio que entonas.
No habrá puertas del infierno
Ni verdad para creer
Ni los párpados del tiempo
No te dejaré caer



Jugando en el Barranco





En estos momentos deberíamos estar en el bar, pero los taxistas no confían en el parante, la guitarra y los lentes negros del Mago, pensarán que llevamos un rifle en lugar del parante, que esos lentes son porque tiene un ojo de vidrio y que la guitarra es una maleta llena de notificaciones de deudas mandadas por el banco, motivo por el cual queremos asaltarlos.

De pronto,
Paramos en seco frente a una fachada enrejada
Y entramos a una habitación pintada de color ladrillo
Con un juego de cortinas endurecidas como piedras.
Veo a los muchachos asomarse tímidos
Por una enorme ventana clausurada
Con marcos hechos de cables y clavos salidos...

Zero y Marco rasguean sus guitarras como dos niños cómplices,
Mario juega con el reflejo de sus baquetas
Y el Mago prueba la voz de su micrófono plateado,
Listos para la tocada.

Los dedos tristes de Marco se estiran y la guitarra le responde
Todos voltean atentos, dejan de decir sus diálogos,
Se olvidan del olor de las sillas recién enceradas
Y ni siquiera miran la iluminada pintura de un bar que cuelga atrás...

Las paredes de la habitación se van cayendo
Y Zero rasguea en voz baja una oración
Enredando su cuerpo en las cuerdas.
El Mago canta con una furiosa ternura
Abrazándolo todo,
Su voz se expande por la habitación, entre los espacios vacíos,
Se esconde en las cortinas,
Toma aire y regresa.
La batería de Mario late con ritmo propio
Y espanta miles de insectos rojos,
Mientras el viento de la noche marca nuestras frentes
Y me quedo viendo como los postes se agachan a iluminar
esa ventana clausurada con sus cuatro músicos adentro.

Noraya